Cinco diferenciales que separan un proyecto pensado de un proyecto decorado:
1. Programa funcional documentado antes de la primera imagen. El proyecto arranca con entrevistas estructuradas al cliente, levantamiento del modo de vida real (no aspiracional) y traducción a programa de espacios. Sin programa documentado, el diseño se vuelve estilo aplicado a metros cuadrados.
2. Curaduría de materiales con criterio técnico-ambiental. Cada material elegido tiene racional documentado (durabilidad, mantenimiento, huella ambiental, costo de reposición). La curaduría se hace con catálogo abierto, no con catálogo cautivo, lo que protege al cliente del conflicto de interés del decorador con descuento de proveedor.
3. Paisajismo con vegetación apropiada al clima local. Selección de especies nativas o adaptadas al piso térmico del proyecto (sabana de Bogotá, valle del Cauca, eje cafetero, costa caribe). Riego eficiente y mantenimiento documentado. El jardín que vive es el que está pensado para el clima donde está plantado.
4. Iluminación diseñada con foto-métrica, no con intuición. Niveles de iluminación calculados por uso de espacio, temperatura de color por función, control inteligente cuando aplica. La iluminación es lo primero que el ojo registra al entrar a un espacio; mal diseñada, ningún material salva el resultado.
5. Coordinación con oficios documentada en planos de detalle. Carpintería, herrería, ebanistería, hidráulica, eléctrica, iluminación, todos con planos de detalle que el contratista ejecuta sin interpretación libre. Sin planos de detalle, el resultado depende del contratista del momento, no del estudio.